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12.07.2019

Por qué deberías visitar Étretat y conocer en qué consiste el arte topiario

Colgado de un acantilado normando asomado al Canal de la Mancha, este vanguardista jardín es una auténtica maravilla del arte topiario.

Lejos quedan ya las sombras funestas de la Segunda Guerra Mudial. En la actualidad, Normandía, gracias a su fértil suelo y las lluvias frecuentes, se ha convertido en un pintoresco jardín de jardines. Entre ellos, Les Jardins d’Etretat, el primero de una futura red internacional de jardines de arte abiertos al público. Tomen nota las autoridades: Francia nos lleva la delantera.

Aún es fácil imaginar al artista, absorto, pincel en mano, salpicando de color uno de los atardeceres de la costa del noroeste francés. Y es que la presencia de Claude Monet es aún palpable si visitas el litoral normando. De todos es ya conocida la obsesión del pintor por sus paisajes: “Normandía tenía una luz especial. La he pintado toda mi vida, a todas horas, en todas las estaciones…”.

La cercanía con la capital convertía a esta zona en el lugar favorito de los parisinos adinerados para construir sus casas de campo junto al mar. Desde este promontorio de la Costa de Alabastro, frente al arco natural de setenta metros de Porte L’Aguille, Monet pintó El acantilado de Etretat: puesta de sol. Con su técnica llena de colores vivos y sueltas pinceladas dio nombre, a finales del siglo XIX, al movimiento impresionista.

No es gratuito que en lo más alto de esta colina, en 1903, la actriz Madame Thébault plantase el primer árbol de lo que hoy en día se ha convertido en uno de los jardines experimentales neofuturistas más significativos del mundo. Pero no fue hasta 2016 cuando el paisajista ruso Alexander Grivko y su gabinete londinense Il Nature Landscape diseñaron un jardín que combina arquitectura, arte contemporáneo y paisajismo.

Con una superficie aproximada de una hectárea y media, aprovechando magistralmente su pronunciado desnivel, y con una colección de más de 150.000 plantas, este jardín es un homenaje verde al océano. Espirales y remolinos vegetales imitan el movimiento de las olas del mar; el dinamismo se consigue gracias al virtuoso trabajo de poda de plantas topiarias como la Phillyrea angustifolia, Eleagnus ebbingei, Taxus baccata, Muehlenbeckia complexa o Buxus sempervirens.

Las plantas ornamentales no tienen en este jardín un papel protagonista. Sin embargo, algunas variedades de orquídeas como la Regina white, o la Cypripedium irapeanum (u orquídea pelícano), con sus vistosas hojas que recuerdan la característica bolsa gular de estas aves, otorgan llamativas notas de color a una predominante masa verde.

Los suelos ácidos también son perfectos para las elegantes camelias. Entre todas cabría destacar la Japónica bianca. Su florecimiento es embriagador. Si tienes la suerte de poder visitarlas a finales de mayo, cuando la meteorología empieza a templarse, podrás disfrutarlas en todo su esplendor. La biodiversidad propia del clima oceánico, el verdor tan poco habitual en nuestro país, el tipo de poda, las esculturas aquí y allá y los nuevos métodos arquitectónicos convierten este jardín en un lugar un tanto irreal. Cabe destacar las esculturas esféricas del español Samuel Salcedo; caras moldeadas con diferentes expresiones dramatizadas, que bien distribuidas entre los parterres, pretenden ser una metáfora de la condición humana.

Un ejército de jardineros perfectamente equipados cuida hasta el último detalle. Hace tiempo cambiaron el pantalón de peto y gorro de paja por un look, pinganillo incluido, made in Leroy Merlin. No hay duda de que los tiempos cambian, también en el jardín. La escapada es recomendable. Las vistas sobresalientes. Hay un concepto claro en este jardín: arte y paisajismo van de la mano. Vayan a dar un paseo, visiten su actual exposición de arte contemporáneo Doble Jeu, y juzguen ustedes mismos.

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